Padres e Hijos con café.

Ayer fue un día muy especial, inicialmente por ser cuando se celebra en Cuba el Día de los Padres; pero también por ser una jornada durante la cual la confusión me abruma. Pues, realmente no termino de asumir si en este día debemos celebrar a nuestros padres o congratular a nuestros hijos. Por supuesto; es un alegre desconcierto que despierta mi ánimo de sutilizador y, sobre todo me fuerza a preguntarme: ¿Qué sumatoria de alegrías y conocimientos debo a mi padre y a mi hijo? ¿Cuántos misterios han despertado en mí, cuánta fe? Probablemente sin advertirlo. Imposible saber, a cuál de ellos debo más.

Tanto así, como a mis otros padres y a mis diversos hijos. Dado que, -y afortunadamente-; tengo a mi papá biológico vivo además de cercano; además de un vástago; quien aunque no esté tan cercano como quisiera (en términos físicos) siendo que vive allí, en la hermosa Habana de todos los cubanos; suelo creer que compartimos lazos afectivos y espirituales bien apretados y firmes. Sin embargo; tal como antes dije: tengo otros hijos y otros padres. Adquiridos por elección, por fortuna o, por casualidad. Algunos de esos padres pueden incluso compartir mi edad; algunos de esos hijos quizás sean mayores que yo.

Tengo, por ejemplo; un padre cuyo nombre nunca supe, que me acogió en su casa y me dio una cama junto a sus hijos en una noche perdida de mi adolescencia en un remoto lugar llamado Piedra. Del mismo modo en que tengo un hijo; Miguel, de memoria prodigiosa; un niño de 10 años que allá en la Upata venezolana me descubrió los relatos de Khalil Gibran mientras yo intentaba prepararlo como narrador oral escénico durante los interludios entre sus dos trabajos y la escuela. Tengo maestros y maestras; que fueron mis padres en momentos cruciales de mi vida; sus enseñanzas, sus desafíos, las dudas y certezas que en mi sembraron;  viajarán conmigo por siempre.

Mis tíos y tías así lo fueron. Poetas quienes descorrieron el velo de Maya abriéndome las puertas de lo desconocido. Filósofos diversos; haciéndome  partícipe del vértigo, el riesgo y la necesidad que suponen la búsqueda de las verdades del universo y el sentido de la vida. John Lennon, Bob Dylan y Silvio Rodríguez son tan mis padres como Marx, Lao Tse, Aristóteles o Jean Paul Sartre lo son. Igual que son mis hijos los aprendices del taller espectacular  de Güines, los estudiantes de la Universidad Agraria o, de la Escuela de Instructores de Arte; los jóvenes cineastas de Cámara chica; una pequeña niña que un día me dibujó una flor para que nunca olvidara su nombre; un actor para el cual escribiera un texto; todos los niños que gritaban emocionados durante las representaciones del Romance de la Luna y el Carrusel. Todos los actores de Caballito Blanco; todos son mis hijos, todos son mis padres.

Así también, los que no puedo nombrar puesto que son los más entrañables. Estos, mis padres e hijos adquiridos enriquecen cada día mi existencia, llenan mi vida, la completan. De cada uno de ellos y, de su conjunto obtengo habitualmente un referente para compartir con el padre de mis días y el heredero de mi sangre. Sabiendo que mi corazón gravita entre la inocencia de Alfredo Troche Martínez y la experiencia de Carlos Manuel Troche; ¿o viceversa? Vaya entonces pues esta congratulación para todos los padres y también para todos los hijos. Felicidades. Este es Carlos Manuel, mi hijo

café al carbón, una variante para estos días de apagones

Y con este muy reciente poema me despido…

Grupo de compra y venta.

Compro un corazón que sea sordo a los halagos.

Cambio cama imperial por catre democrático.

Alquilo una hamaca con su árbol y su sueño.

Vendo un diccionario que no recoge la palabra: odio.

Compro cualquier pedacito de verdad.

Cambio un consejo sano por la palabra: gracias.

Alquilo cualquier persona que quiera escuchar.

(Se aceptan propuestas).

Vendo la mitad de la ignorancia que me toca.

Cambio, un vaso medio vacío por uno medio lleno.

Alquilo, sugerencia útil; aunque me la digan de mala forma.

Compro, mentiras piadosas o verdaderas buenas noticias.

(No importa el precio).

Cambio, falsas sonrisas por insultos reales.

Alquilo, un desintegrador de malas intenciones.

Vendo propósitos felices sin daños a terceros.

Y, si lo necesita; también puedo regalarle un hola, o un adiós de primera mano.

Interesados, al privado.

La Sonrisa… con café

Foto Cámara Chica

Había una vez un hombre que inventó una sonrisa.

Pero antes, mucho antes de poder siquiera imaginar aquella sonrisa que, al cabo inventaría; descubrió que un hombre (otro) lo odiaba.

Foto Cámara Chica

En un principio se preguntó: ¿por qué? Sin embargo, luego decidió que, aunque debía en el futuro analizar y conocer los motivos del odiante; tenía primero que inventarse “aquella” sonrisa.

Una, capaz de aniquilar cualquier resquicio de rencor odiotizante. Cualquier rastro de resentimiento o de malicia. Cualquier sugerencia perversa, codiciosa o altanera. Imaginando, lo bello que sería callar el rencor con una sonrisa. Fue entonces que dedicó todas las fuerzas de su alma a construir una sonrisa a prueba de maldad. 


Descartó, por supuesto, cualquier mueca o rictus que pudiera parecer ofensivo. Tampoco se decidió por una carcajada que quizás fuese mal interpretada como burla. Consideró, que su sonrisa habría de ser un término medio entre el esbozo de la Mona Lisa y la inocente risa tímida de Chaplin el vagabundo.

Charles Chaplin: Candilejas
Mona_Lisa,de Leonardo_da_Vinci

A fuerza de imaginar; fantaseó con disímiles sonrisas. Planeando desde el macaco imitativo hasta la alegría invisible en la pasión lírica de Fabricio del Dongo. Viajó desde los labios de una gitana tropical expuesta a las miradas; hacia el sorprendente descubrimiento de Alicia ante la reina roja y su ejército de naipes. Admirando asimismo el infantil desprendimiento de Pilar junto a la playa de sol bueno y mar de espuma. Deteniéndose perplejo ante el recuerdo de su madre enseñándole a caminar.

foto: Alvaro de Sandino

Absorto por el destello memorable comprendió que aquesta sonrisa repartida era la de todas las madres para todos los hijos que serán.

abuela

Y, en la visión de su madre, adivinó a su abuela con su sonrisa de arrugas y ojitos brillantes.

Pensó también, en la expresión del niño aquel que fuera él, al descubrir un caballo vivo, sudado y galopante sobre la faz del mundo. Tanto como el guiño incrédulo de su amiguita cuando, tendidos bajo el terciopelo de la noche, le confesó que él si sabía lo que era un “agujero negro en el espacio”.


el cielo

Foto Cámara Chica

Así, catalogó, analizó, procesó, sopesó y definió un millón de sonrisas equidistantes, análogas. Las comprimió, las destiló y, finalmente las sintetizó en una única sonrisa.

Foto Cámara Chica

 

Luego de perfilarla facialmente, la ensayó a escondidas frente al espejo quien no dijo nada. Buscó al gato de la casa para mostrársela. Más, cuando al fin lo encontró, no tuvo el coraje de despertar al minino que ronroneaba entre sueños su siesta de la tarde. No obstante, él estaba seguro de haber descubierto su sonrisa. Seguro de que, ante su esplendor; el odiador aquel no tendría más remedio que deponer sus rencores.

Decidido entonces, salió al camino por donde siempre le veía pasar encapotado.

Se acomodó bajo el sol, para asegurarse de verlo venir desde bien lejos.

  Cuando al fin, lo vio aparecer en el horizonte envuelto en una nube de polvo; esperó, hasta tenerlo bien cerca para armar su sonrisa definitiva. Y, en el instante en que sus miradas se encontraron: el mundo entero comenzó a cambiar. foto: Alvaro de Sandino

planet-

 

 

IMG-20211107-WA0060Y ahora,un cafecito para los curiosos…IMG-20211107-WA0057

 





Este es producto de una invitación de mi hermana Mary. Quien, a pesar de hacer el “café más largo del mundo”, también resulta ser de los mejores. Para que la categoría de express no nos enajene de su cualidad “gourmet”.

Como tal así lo hemos compartido en familia. Con la singular asistencia de Adriana, que gentilmente tomó estas fotos para nuestro café consentido o, con sentido, si os parece mejor.

Así, como quiera que el texto de este post tiene cierto aire esotérico. Hoy, quiero regalarles algo corto pero tan cargado de nostalgia como este café que tan familiarmente compartimos.



Hola sombra


Suelo habitar en los pasillos de tu indiferencia.

Quiero atrapar un pensamiento de costado.

Capturar aunque solo fuese un hilo de la madeja que hilvanas.

Jugar en tu imaginación.

Traté de entrar por la puerta de tu corazón, pero estaba tapiada con promesas.

Temí romper el cristal de tus ilusiones y terminé olvidando las palabras mágicas.

Pude ocultarme en los pasillos, en los recovecos de tu indolencia.

Intenté habitar en ti, indetectable, sutil.

Agazapado, perturbado en el afán de conquistarme algún recuerdo.

Sumido en la noche, alimentándome con tu silencio. Sin dormir.

Luego, es el bosque que escapa y las calles que muerden.

La luna es un bostezo del cosmos.

Entonces, sobre las azoteas dormidas de los edificios, aparece: un estallido de la noche.

Negro como una pregunta.

Él, me asume, lame mi mano, anónimo, perfecto.

Y, ¡ya que estoy tan sin ti! Absolutamente sin ti.

Pues ahora, en el encuadre sideral, somos este gato y yo.

Dos siluetas fundidas en la oscuridad de las estrellas.

Perdidos e inertes, sin memoria.

Así, nos dedicamos a fluir en el tiempo.

Dulcemente fluir, hacia el espacio donde florecen las galaxias.

Sin Aislamiento y… con café

El pasado jueves 4 de noviembre inauguramos en la Galería de Arte de Sandino la exposición fotográfica: “Sin Aislamiento” con realizaciones de Carlos Manuel Troche y Johan Amador. Además de la acción performática de los jóvenes del proyecto “Cámara Chica” acá en Sandino junto a los músicos Luis Miguel Caro y Belinda.

Celebrábamos con tal inauguración el día fundacional de la UNESCO, el sexto aniversario del taller “Cámara Chica”, y por sobre todas las cosas: la posibilidad de retornar al diálogo creativo con los espectadores de nuestra comunidad a tenor con el progresivo desescalamiento de las medidas de restricción sanitaria tomadas a raíz de la pandemia de Covid 19.

Aun cuando las instantáneas realizadas por Carlos y Johan merecen un capítulo aparte, por las confluencias y particularidades que sus obras manifiestan; prefiero hacerlo más adelante, para no influenciar los puntos de vista de los espectadores que podrán ver la exposición durante todo el mes de noviembre en la Galería de Sandino.

Aunque, para muestra, un botón.


 

Lejos del polvo

 

 

 

 

 

 

Caer


Este día, sin embargo, el suceso más notorio fue la performance realizada por los jóvenes antes mencionados. Ana Carla, Dafne, Melany, Rosaly, José, Evelin, Belinda y Luis Miguel; alternaron la interpretación musical de dos temas emblemáticos de la nueva trova cubana con la puesta en espacio de varios de los poemas graficados en la expo y un soneto de Shakespeare. Fue un impacto único y, la medida en que lograron concitar la atención del público solo puede ser medido por un hecho: nos conmovieron. Saltaron por encima de los esquemas comunicativos que los ciñen a la realización audiovisual a unos y a la interpretación musical a los otros. Entregándonos un discurso personal, juvenil, preciso. Algo sencillo y frondoso: diferente.

Cada uno con sus particularidades, con sus talentos visibles y sus potencialidades aun invisibles pero latentes.

MelanyDafneRosalyAngélicaJoséAna CarlaEvelin

Luis MiguelBelinda

Tod@s son creativ@s, con sensibilidad artística e impulso poético. Y, así mismo, merecen ser el arte que necesitamos para crecer y creer en estos nuevos tiempos que ya están aquí.

Ahora un cafecito. Digno de mi sobrina Adriana. Así lo comparto con ustedes.


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Y, vaya esta especie de comercial para la nueva marca de café cubano cuyo nombre es: Guantanamera. IMG-20211028-WA0028

Digo “nueva”, en mi particular degustación, pues no sé qué tiempo lleva en el mercado.

Pero luego de probarlo me parece sensacional.

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LA POESÍA

A petición de una amiga coterránea voy presentarles este poema llamado: Lamento del Dragón. El cual, a pesar de haber tenido una destinataria absolutamente real, nunca ha encontrado acomodo en ningún libro. La amiga de marras quería algo “romántico” y, aunque no creo que éste, alcance tal calificativo. No obstante, si creo que pueda ser un poema erótico; toda vez que su “víctima original” y yo parece que coincidimos, al menos, en esto.

 

LAMENTO DEL DRAGÓN

¿Adónde vas, princesa? Si me llevas, apagaré el fuego de mi aliento.

¿Adónde iré, princesa? Si tú no estás para aliviar la sed: dragón vencido por la espera;

En esta grieta de soledad invocando la espada que me dé muerte;

Para no perecer de ausencia. ¿Dónde estás, princesa?

La madrugada me sabe a mediodía y las estrellas reflejan en mis lágrimas.

Hoy no he visto las flores ni la luna. Esta verde floresta me asesina con guiños.

¿Qué voy a hacer, princesa, sin tus cantos? La Eternidad es demasiado larga

Para vivirla así, sin los ríos de tus ojos; sin tus piernas aladas de zozobra,

Sin el tintineo de tu corazón, ni el perfume rosado de tus labios.

¿Qué voy a hacer, princesa? Si te esfumas depondré mis alas

Entregaré mi cabeza al Caballero; haré una cruz sobre mi escama

Cardíaca, donaré mi cuerpo a las lanzas. Para ser: alma desnuda

Corriendo tras de ti. ¿En qué siglo volverás, princesa?

¿En qué signo de gnomos y pegasos me romperá tu furtivo fantasma pasajero?

¿Por qué no puedo ser tu sombra o tu vestido?

Yo, el vencido de lágrimas y besos; testigo de lástima y culpa encadenado y libre por tu lengua.

Más, te entiendo, princesa. Soy un dragón, ocupo mucho espacio

mis escudos relucen desde lejos; escupo fuego; daño a las personas.

Siempre escapan de mí, siempre me matan. Escúchame, princesa:

Yo también necesito de la risa, los niños y los parques. Nadie me preguntó

¿Quieres ser criatura infernal, azote de Dios, apestosa aparición?

No pergeñé mis garras ni mi insolente fealdad. Créeme, princesa;

Soy así por desgracia. Aunque, si fuera un gorrión para sentir tu caricia en la ventana;

tu cazador rompería mis alas. Si fuera; liebre blanda en tu mejilla,

Me acosarían los perros de tu palacio.

Si fuera; un guijarro o un terrón, del tamaño del cuenco de tu mano

Me pisarían los puercos, los bueyes y los tontos. Ya ves, princesa:

Me dotaron de un cuerpo inexpugnable; me forraron de un casco gigante

Me hicieron inmortal por mis defensas. Y, heme aquí mortalmente herido por tu falta.

Almaceno en mi cuerpo colosal todas las penas de este mundo.

Por eso quiero que vuelvas, princesa. Aunque vengas con la malla, el casco y el acero;

lista para matarme.

Después de tanto tiempo… con café

Después de tanto tiempo… con café

Ha pasado un buen tiempo desde la última entrada a este blog. Pues resulta que el autor estuvo muy ocupado viviendo y con pocas oportunidades de conectividad. No obstante, creo que es momento de retomar esta hoja con nuevos intereses y espectativas. Dado el momento tan singular en que estamos, considerando la actual pandemia que sufre la humanidad. Hoy quiero compartir algunas imágenes tomadas por mi hijo: Carlos Manuel mientras se encontraba aislado aquí por la pandemia.

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Esta expresión cálida del sentimiento de soledad y aislamiento que, de alguna u otra forma todos hemos padecido en los últimos 18 meses; visto desde la mirada de un adolescente me motivó a escribir un libro (que aún no termino), y a organizar una exposición fotográfica en la Galería de Arte de Sandino. Además de otras ideas que más adelante les iré contando. y, ahora un café…

un sencillo café expreso lo que hecho con carbón por falta de electricidad

Hoy, voy a dejarles un regalo del baúl. Dado que el pasado 20 de octubre celebramos en Cuba el Día de la Cultura Nacional y, como mi intención era subir el post ese día quiero dejarles esta visión de mi país. Siéntanse libres de criticarla o disfrutarla.

Mi país, no es la letanía repetida por polvorientos maestros de historia.

Ni siquiera: la sombra anhelada por los turistas, que taciturnos lo pasean

Con privilegios y poses fotográficas.

Es; un grito de llorados muertos reclamando: ¡Patria, Muerte, Libertad!

Difuntos desterrados con flores, orlados de oropéndolas, planetarios, locos.

Heridas certidumbres del volver, estar, respirar ciertamente.

Mi país, es más que el canto de melancólicas golondrinas viajeras

desertando hacia un jamás tal vez no mas brillante. Hacia la lágrima:

Confusión de tantas y tantas pesadillas auténticas, patéticas.

Ferviente en la obsesión de ya no ser la siempre fiel Penélope

esperando un Ulises salvador; destejiendo el azar.

Mi país, es sabana de esperanza, verde como la bajamar

Plagada de palmeras altaneras, añoradas, azules: altivas.

Es aquel bisabuelo, desharrapado, negro; blandiendo un machete paraguayo

En una cacería de demonios peninsulares. Cacería loca, bruja.

Perseguidor vengativo del fantasma que le mató trece mil hijos;

Detrás de las alambradas de Weyler, los fusiles Remington y las bayonetas.

Mi país, es una veintena de hombres desnudos batiéndose contra un ejército

en las márgenes de aquel río, ausentes de su carne. Sangre en torbellino: heraclitiana, dialéctica; siempre otra y la misma, arrastrada, terrible.

Mi país: son poetas dementes, idólatras de sexo, asesinados por la risa.

Solitarios de una estrella cuya luz los posee y aniquila.

Zenea, convicto de amigos y enemigos. Martí, desapareciendo

-agujereado por la bala- . Lezama, en ínclita salutación abstracta.

Virgilio cornucopia, adorador de demonios, demonio él: genio.

Es: Dulce María Loynaz desde el silencio que supo perdonar.

Son Flor, Enrique y Carlos Manuel Loynaz, reos de la pasión,

De la llama del verso, del azufre de la esterilidad, de la locura.

Mi país: es mi madre, llorando en un sillón el 14 de octubre de 1987.

¡Y…sangre..! Sangre en la arena, sangre en la memoria, sangre en la bandera.

Son hombres dispersos, borrachos del viaje, transeúntes del mar

barcos que llegan, barcos que se van. Carabelas, balsas,

seres partiendo, regresando. Y…siempre el mar, por todas partes…

Reciclándonos, construyéndonos desde sus mareas… ¡Poblándonos!

De negros, españoles, aborígenes. Marroquíes difusos , chinos, árabes, franceses, filipinos, balseros, yanquis, turistas, marinos, refugiados, haitianos, griegos,…. ¡¡¡HOMBRES!!! 

Con sus religiones interminables, y sus vicios.

Cada cual con su amargura. Con sus complejos de persecución.

Sordos.a la mesura de la tierra firme. Abiertos a la cancela del mar.

País de judíos errantes, de espejos; de dolores ajenos:

Visitadores de la Parca en tierras propias y lejanas.

Mi país, es un dolor y una plegaria a Dioses importados.

Amor de sol y lluvia, sargazo y arrecife, coral y estrella:

Canción y santo en la placidez del tiempo estancado, latiente.

Y también; dos mártires en un desvanecido cuaderno;

jurando batirse, -duelo a última sangre- cuando la patria fuese libre.

Mi país, son posposiciones como esta: honrosas, iluminadas.

Céspedes y Agramonte, quienes nunca cumplirán su juramento,

Deshechos en el polvo.

Alguien puso una lápida de rumor y misterio en sus cruces;

alguien quiso tornarlos en lánguidas estatuas venerables,

Ídolos de piedra: admirables, distantes, sombríos…

¿Pero…? ¿Y…Ana de Quesada? ¿Y Amalia Simoni? ¿Son nombres?

¿Destellos inconclusos? ¿Partículas olvidables, reflejos? No…

Mi país puedo ser yo, con una angustia de suerte y vergüenza

paseando mi deseo por todos los rincones de una ciudad dormida.

País en mis pulmones, flotando “muy adentro de mi:

 Aliento, sueño, cáscara de nuez navegante, creciente, estallando;

Doblándo mis espaldas, cercándome de espíritus y toques de tambor.

País; doliente  de fragmentaciones, úlcera alimenticia, bíblico maná.

Sementera de versos, de increíbles mujeres, de virtudes, de espantos.

Mi país: certero, único, total; emerge indescriptible desde mis entrañas

como aquella mujer, que aunque a veces me quiere, 

Siempre, me desconcierta.

Para mamá con café

Hace más de 27 que escribo; por necesidad  de expresión y para mi disfrute. Digo 27 para no poner en la cronología el tiempo aquel en que lo hacía por pura diversión;  por necesidades de estudio o, simplemente para llamar la atención. En todos estos años; escribí obras teatrales, guiones audiovisuales, críticas, proyectos culturales,  discursos, cartas, panfletos, noticias, canciones y poemas. Y, cada uno de estos intentos de provocar sentido mediante la organización de palabras y frases; han tenido un único destinatario final: mi madre.

Aun cuando; ella casi no ha de haber leído ni una porción mínima de todo cuanto he escrito; o acaso no lo entienda, no lo comparta, ni le interese. En principio, porque fue quien despertó en mí el deseo de inventar historias; no solo me las describía con aquellos “rollitos” d

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Liduvina Valdés Puente (Mi Mamá)

e proyector donde se narraban cuentos tradicionales y era una de sus formas de mantener tranquilos a 6 niños en un hogar sin televisión; sin radio, sin computadoras; ni todas esas “vacas sagradas” de la digitalización sin la cual la vida hoy no parece posible. Mi madre; quien cursaba en paralelo muchas veces  nuestros mismos grados escolares;  me enseñó las vocales en una pizarra de juguete. Sin embargo; si sostengo que fue ella la causante de mi amor a la escritura; no es precisamente por esta  alfabetización temprana; sino por un contraste que gracias a ella pude descubrir en el mundo.

Ahora, cuando casi cualquier comunicador habla de valores; teoriza; testifica, acuña y reproduce listados académicos sobre cuantos hay que tener y cuales acciones cuantificables debemos acumular para “trasmitir valores”; no puedo impedir que a veces una carcajada silente estalle en mi cabeza. El contraste es sencillo y a menudo invisible: lo importante en el mundo no es preocuparse sino ocuparse; lo esencial se trasmite en los hechos no en las palabras; vale más quién más da, no quien más tiene… ¿Acaso les suena a refranes populares?

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A Carlos Manuel le gusta el «café de la abuela»

Pero, no se trata de que ella fuese refranera –en realidad nunca lo ha sido- Se trata sobre todo, de su sentido visceral de hacer el bien, de cooperar, de solidarizarse; aun siendo pobre, aun siendo ignorante, aun siendo mujer, ama de casa, trabajadora y llevar a cuestas una familia numerosa. Mi madre; siempre fue una abeja obrera infatigable, minuciosa, de tareas constantes y menesteres. Sin reparos para cuidar a un enfermo, aupar a un sobrino, adoptar a un nieto, cargar y consentir los hijos del vecino. Hoy día; trata como “viejitos” a ancianos de su misma edad; no porque quiera ocultar la suya; sino porque quisiera aliviar el desamparo de un señor medio ciego que no encuentra su camino; de unos pajaritos hambrientos que se posan en la ventana; o el de un perro atropellado por un auto.

 

Está; detenida en el tiempo de su corazón juvenil; piensa despacio y sonríe pronto. Tiene el don de multiplicar los alimentos; de repartir el café para todos; de hacer una costura a ciegas y lograr cada plantita que siembra. No hay, espacio, ni líneas ni palabras para honrarla; toda su felicidad es el bien común. Todas sus posesiones las guarda en su mirada. Celebrarla; no es únicamente homenajear el lazo de consanguinidad entre ambos; pues a fuer de honestos debemos decir que no todas las madres “biológicas” son realmente “Madres”. Así como hay mujeres incapaces de reproducir que se convierten en verdaderas madres sustitutas de sobrinos, alumnos, pacientes o ahijados.

Personalmente; viajero como soy de mi país y del mundo; no puedo honrar a mi madre sin celebrar todas aquellas madres que me han acogido por esos rumbos de dios. En Pinar; en la Habana, Mayabeque, Santa Clara; Santiago de Cuba y Guantánamo; en el Anzoátegui venezolano; en Upata del estado Bolívar. Mujeres pobres y gráciles; humildes; con proles numerosas e infinidad de obligaciones de amor a sus espaldas y, sin embargo; dispuestas a querer, a dar, a compartir: a abrazar la vida. A todas aquellas con quienes he compartido mi trabajo o mis hambres múltiples. A las que aquí revolotean cual mariposas gráciles; detrás de la noticia, compartiendo la palabra, entonando la música; acompañando al solitario e informando al desinformado.

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celebremos con café

A todas estas madres efectivas o latentes que hacen de la radio; no un modo de subsistir; sino una manera de existir. Madres dobles; o triples, en la diversidad que conlleva compartir la posibilidad biológica de procrear con la capacidad intelectual de crear: sentido, conciencia, gratitud, sentimientos; es decir: vida espiritual. Imposible es pues, no celebrarlas; no regalarles metafóricamente el beso que cada día pongo en la mejilla de mi madre. Esta; con todas aquellas otras; me han enseñado; me enseñan el camino a la felicidad que yace solamente en el bien común.Pues; a despecho de la retórica comercial que convierte una celebración ingénita, entrañable; en un desfile comercial de tarjetas pre impresas y regalos fútiles; no encuentra sustanciación en los objetos; ni satisfacción en las posesiones pecuniarias; como todo bien eterno, solo se puede manifestar en la poesía del alma; en la certeza de una expresión justa; en una canción, en un abrazo o en una lágrima.

Con todas esas madres; honramos a otras; no tan evidente pero singularmente ubicuas: a mi madre Libertad; a las matronas Igualdad y Solidaridad; a mi patria Cuba y a mi matria América. No por gusto, tales nombres son genéricamente femeninos en nuestro idioma; con sus respectivos potenciales de preñez, de gestación, de multiplicación y amparo. No por gusto; pronunciamos sus nombres con reverencia. Permítanme pues; declararles mi devoción en un poema que escribí, para esa madre única y múltiple que con sus destellos me amanece siempre:

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Mi madre tiene la sabiduría de las ostras, la variedad de los crepúsculos. El sabor de las pomarrosas en el río de la Ceja. Tiene pétalos para cualquier espina y en su arroz, suelen hartarse los hambrientos. Conoce fórmulas matemáticas, ecuaciones eficaces para calibrar el Amor Filial. Sedujo a mis amigos; galantea con todos y a todos justifica. Soy su oveja negra: quisiera aún, poder tirar de mis orejas. Yo, solo puedo mentir porque florezca.  Ella es: flor de actividad, laberinto de silencios. Alberga dentro de sí: arroyos, la purpurina de los líquenes, visiones de fantasmas, misterios cósmicos y escarcha. Su dispensa proverbial es una frase: Hijo, quien te quiere bien, te comprende. Yo sé que toda la sabiduría de Dios habla por sus labios.

A Guanahacabibes con café

Por Alfredo Troche Valdés

Hoy, debo hacer un viaje lejos. A un sitio visto pero ya desconocido por el tiempo y la distancia. Debo ir a Guanahacabibes, la península. Este sitio insular tan agreste como recóndito.
Hice mis tareas. Busqué información. Recabé noticias. Quise inquirir acá y acullá. Pero hay un telón oscuro de indescifrable silencio. Veo, a los jóvenes –y no tan jóvenes- que se agrupan en el minúsculo parque de mi pueblo para constatar noticias del más allá. Esto es: la realidad mil veces falseada por sus protagonistas de la emigración ilegal. La noticia aquí, no es la tormenta tropical que se avecina, ni la última terapia para el cáncer; la noticia es: cuánto dinero tienes o; peor aún: cuántos golpes te dieron los traficantes de hombres.
Los africanos, tienen un rincón de desprecio secular en el sitio donde se asentaron los reyes que otrora los vendían como esclavos a los tratantes negreros. En el futuro, tendremos que construir sitiales de oprobio para no olvidar esta saga terrible donde algunos conciudadanos míos se secuestran a sí mismos para obligar a sus familias a pagar el rescate de su estupidez.

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Centro de Visitantes del Parque Nacional Guanahacabibes

Sin embargo; un viaje se avecina. Aun cuando vamos hacia el mar no pretendemos encontrar el tan mencionado camino a Jauja – ¡Méjico, hijo¡como diría el celebérrimo Juan Candela-. Vamos al encuentro de un proyecto que por su singularidad merece ingresar en esta galería de talentos invisibles. Vamos también abrir la puerta de un hogar de futuro y un sendero a la posibilidad.
El día comienza para mí siendo madrugada; levantarme, hacerme el café del apuro. Salir de mi cabaña rural –en donde vivo- y estar a punto para la recogida. Antes, medito. Expando mi capacidad de observación; dilato mis sentidos.
A poco de llegar al punto de recogida; aparece la camioneta del Parque Nacional Guanahacabibes. Lázaro Márquez; otrora condiscípulo durante los estudios secundarios; director del parque; es quien me recoge; con él viaja otro grupo de colegas suyos. Algunos los conozco, otros no. Todos coinciden en que Lázaro es ‘’Pipo’’ –para mi sorpresa todos le llaman así-. La camioneta; es una especie de bote salvavidas para los autoestopistas que viajan en esta carretera olvidada hacia: La Fe, Manuel Lazo; Malpotón, La Jarreta o el Valle.
Todos se conocen. Conversan con distintiva familiaridad. Varias veces se interrumpe el viaje para saludar a este o aquel. No saludos al paso. Se detienen, entran en las casas, conversan brevemente y continuamos viaje. Llegamos por fin a La Bajada; lo que otrora fuese un asentamiento poblacional es hoy un asentamiento científico. Están las instalaciones del radar meteorológico más occidental de Cuba. Está allí, el Centro de Visitantes del Parque Nacional Guanahacabibes; y las oficinas. Todo es sencillo, tranquilo, adecuado.

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Aquí desovan lastortugas marinas

La conversación fluye natural y rápidamente. Los especialistas, en ése ámbito de sencillez, nombran, comentan, reflexionan, vaticinan. Son un grupo de investigadores en una estación de ciencia. Conocen al dedillo los asentamientos aborígenes; las especies endógenas e invasoras; los hábitats, los ciclos reproductivos; los senderos y los detalles más inusuales de esta amplia región ocupada por el parque. Yo, que no he andado poco mundo; considero que son científicos con C mayúscula. Entregados a un trabajo anónimo; incesantemente variable –como son las cosas en la naturaleza- delicado y genial.
Mientras en el foro de mi corazón los aplaudo; pienso ¿cómo podría ser más visible su labor? ¿Cómo concitar voluntades para que esta experiencia se dilate y prolifere? Esta veintena de personas manifiestan una filosofía existencial que predica y realiza: proteger en lugar de depredar; conservar en vez de derrochar; medrar en lugar de poseer. No obstante, son personas normales; padres de familia, hermanos, hijos, chistosos ocasionales. Tienen la vocación y la vanidad sana de la obra que realizan. Entregan el resultado de su realización cotidiana; tanto al visitante ocasional, como al investigador académico que llega a completar su tesis. Tienen un líder al que conocen y reconocen. Tanto así, como la ocupación que practican respetuosamente.
Pero, el viaje continúa. El placer de la contemplación interactúa con las reflexiones al paso. No es una visita turística. Lázaro y yo, queremos agendar un intercambio profesional. Me gustaría poner mi experiencia como promotor cultural y artístico en función de este sui géneris proyecto ecológico. Por eso lo acompaño; él hace sus gestiones de trabajo. Yo observo, medito; elaboro propuestas en mi mente. Dejo fluir esa especial sensación que nos provee la naturaleza, permito que me posea; disfruto el viaje.

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La carretera…

No hay una única percepción del entorno que transito. En mi niñez; hice viajes hasta acá muy esporádicos, con mi padre. Recuerdo el paisaje. La ruta abierta en el manglar sobre el diente de perro, el faro Roncali, la casa del farero amigo de mi padre; Uvero Quemado y María la Gorda. Quisiera estar con mi hijo en esta ruta, que el mar, el sol, la playa acantilada, la floresta continua y el espesor de las leyendas que aquí hallaron su caldo de cultivo, amplifiquen su imaginación y deseo, tal cual hicieron conmigo. Recuerdo como en las noches de la beca en la escuela al campo los muchachos –naturales de esta zona- contaban historias de muertos aparecidos, tesoros ocultos y malditos, bandidos y proscriptos de la justicia colonial. Todas, eran contadas como historias ciertas aunque hoy sean leyendas de la tradición oral.
Pasamos por el sitio donde se monitorea el desove de las tortugas marinas; hay estudiantes y profesores universitarios acampados allí. El sitio tiene una vida de campaña. Casi han concluido su trabajo y se preparan para partir. Otros volverán al siguiente ciclo; para ser testigos de un milagro biológico secular: miles de tortugas que deambulan por el océano vuelven a la playa donde nacieron para renovar su simiente. Metafóricamente: un ejemplo de fidelidad ancestral que quizás los humanos deberíamos imitar.
Más adelante, unos guardabosques dan parte de sus recorridos y hacen observaciones al margen. La instalación donde pernoctan es la típica vivienda de estos lares: horcones de madera, paredes de tabla y techo de guano. Andan a caballo y a pie. Solicitan ciertos encargos personales que Pipo se encargará de cumplir. Es una vida dura, entre la plaga de mosquitos, jejenes y otros insectos; cuidando lo que se va haciendo; observando o dando aviso oportuno; teniendo a raya a los depredadores humanos.
Es, justo allí, donde casi se abrazan las dos orillas de esta isla diminuta y tan grande donde alcanzo a descubrir de nuevo mi país del cual estuve ausente por dos años. No es que acabe de llegar; pues el avión me puso aquí hace ya tres meses. Sin embargo, la percepción es una baraja de cristal, un signo prodigioso que vuelve o, nos devuelve, cuando por su capricho así lo considera.

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este es el famoso »diente de perro»

Ahora, nos vendría bien un cafecito pero no hay tal. Solo el viaje y la certeza de la diferencia que aquí se constituye como acción. Afuera, el manglar arroja un par de venados sobre la carretera, pasan cangrejos, algunas vaquillas silvestres, el sol besa la arena con delectación enamorada, el mar deslumbra por ambos costados. De pronto: un buque fantasma; y no es una ilusión óptica, ni un truco turístico pues resulta que durante el último huracán que arrasó con la península –hace ya varios años- arribó a la costa este barco sin tripulación y sin bandera cierta. Es apenas un yate; supongo que un pequeño navío de cabotaje de alguna isla caribeña próxima. El caso es que aquí se detuvo, arrastrado por el maremágnum de la tormenta acertó a encallar aquí para volverse curiosidad o el ferroso hogar de las gaviotas.
De vuelta al túnel vegetal, admiro la terquedad transformadora del hombre en esta carretera tallada en la roca viva del diente de perro. Admiro también la callada y sempiterna voluntad de vida de la naturaleza. Uno detrás del otro; al Gustav siguió el huracán Ike en el año 2008 de triste recordación. Yo, que solo vi los daños de Guanahacabibes en fotografías supuse que algo similar a un estallido nuclear había barrido la zona. Era como si el mítico gigante de Meñique se hubiese entregado a una danza macabra con un hacha del tamaño de un edificio. Ocho años después la vida pulula como si nada aquí hubiese pasado. De trecho en trecho alguien me muestra una roca movida, un bosque nuevo, o un árbol amputado: monumentos de la terrible lucha de la naturaleza en la que a veces nos vemos atrapados. Acá hay una memoria del desastre y, también de la recuperación.
Al fin, luego de una curva abrupta alcanzo a ver la torre del faro Roncali. Nos acercamos. Es más pequeño de lo que alcanzo recordar. Por un momento el sol se acuna en la baranda y el faro se enciende cegador en pleno día. Estamos en el extremo más occidental de Cuba. Pensé que habría barullo de turistas, gente por doquier, vacacionistas o… Todo eso está más allá; en Las Tumbas y Los Morros –sendas instalaciones turísticas un poco más al norte-. Hoy, no llegaremos hasta allí, hay que regresar, es sábado, es tarde y la misión que nos trajo solo se ha cumplido en parte.

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El faro Roncali

En este día se construye una certeza: toda Cuba tiene que venir aquí, todo el mundo tiene que venir; respirar este aire, ver el arco insular donde según Dulce María Loynaz: Hacen su misterioso nido los ciclones. Regreso, con la revelación de lo que deseo hacer en los próximos años. No es menester que lo revele repentinamente. Iremos por pasos, para introducir esta sensación magnifica en la sangre de aquel al que podamos llegarle. Venid amigos míos, admiremos juntos…
Llegamos a La Bajada de un salto; con otro chapuzón en la maltratada carretera de vuelta ya estamos en Sandino. Me apeo del auto y me escucho farfullar algunas razones, sé que debo escribirlo. Camino hacia la casa de mi madre. Allí, una taza del mejor café del universo enciende una pequeña estrella en mi cabeza. Solo alcanzo a decir: ‘’Este café está genial’’ y, no sé por qué me acuerdo de mi hijo.

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Descubre tu talento con café

a-cup-of-coffee-399478_960_720A veces las palabras son una vocación de ceguera o una exhortación al caos. Siempre, para escribir algo (o sobre algo) debemos sobrepasarnos a nosotros mismos y, bloquear la habitual costumbre de disculparnos; explicarnos demasiado o simplemente dedicarnos a sermonear de manera insoportable. Por lo general pensamos; o creemos saber que venimos “dotados” con cierto(s) talento(s); incluso la mayoría de nosotros está dispuesto a nombrarlos o enumerarlos según sea el caso. No obstante; cuando nos miramos en el espejo que son las demás personas regularmente percibimos la colectiva equivocación que manejamos sobre el tema. En principio, no me interesa dilucidar si el talento es producto de la “inspiración divina” o consecuencia de la práctica regular de un proceso cultural determinado. Mi intuición me dice que eso es arena para los filósofos, teólogos y ¿por qué no? culturólogos, si se me permite la palabreja. Al fin y al cabo, para el común de los mortales ése no es el pollo del arroz con pollo. Vivimos una vida corta y única en un contexto social cada vez más complejo donde la utilidad de nuestros empeños personales puede ser invisible y así mismo prescindible sin que por eso se altere un solo ápice del universo.

Esta es la visión general. Yo pienso diferente. Creo que todos nacemos al mundo dotados de múltiples talentos. Talentos que pueden ejercitarse con creatividad; alimentar nuestro espíritu (y nuestro estómago) tanto como conquistarnos un espacio en el tejido de la humanidad y en la conciencia que tenemos de nosotros mismos. Somos creación en la medida en que nos reconstruyamos permanentemente.

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Arte de: Bernulia. Realizada con café

Ustedes y yo; amigos míos debemos conocer, conquistar y desarrollar nuestros talentos. Ya sea que lo pensemos como habilidad o arte. Teniendo claro siempre hasta donde alcanza nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Aquí; el término “deber” obliga; fundamentalmente a repensarnos. Porque desconocerlo es convivir con su opuesto. En el anverso del espejo del talento siempre está la mediocridad. Y, siempre es siempre. ¿Cómo hacemos pues para reconocer en principio nuestro talento?

Hace algunos años conocí a una muchacha; pequeña, delgada: ojos negros expresivos y nariz aguileña, de cuerpo menudo y voz sumamente atractiva, sobre lo grave. Como en su familia no se consideraba la actuación como una cosa “seria”; ella, supongo que inconscientemente; tendía a querer que la vieran como una “intelectual” del arte. En efecto, lo era; era una excelente lectora, dominaba dos idiomas; conocía filmes, obras; había viajado por el mundo. Sin embargo; su relación con el arte era esencialmente “acrítica”. Disfrutaba la conmoción sensorial del arte, su impacto emotivo más que el trascendente. En fin; para decirlo en buen cubano: no le interesaban las polisemias ni las “metatrancas”. Por supuesto que es una manera apropiada y loable de conectar con los frutos de la cultura humana. Pero no es para nada la actitud que esperamos de un crítico de arte; un semiólogo, un dramaturgista, un asesor artístico, o un teatrólogo. Cuando dejé de frecuentar su compañía (la de ella) aún persistía en mantener esa actitud que la distanciaba de su verdadero talento: la interpretación. Aun estando en el lugar y en el momento justos. No se percataba de ello. Con interpretación; me refiero al hecho de que no solamente pudiera dedicarse a la actuación; también a la comunicación; a la promoción; a la locución o al magisterio. Pero, se malgastaba en desafíos tibios.mug-1209194_960_720.jpg

Suele suceder y es más común de lo que imaginamos. Para un observador de la especie humana en su conjunto resulta curioso constatar cómo nos socavamos en esos “amores imposible”.

Y, no vayamos a creer que estos equívocos existenciales son patrimonio únicamente de los que practican o se relacionan con disciplinas artísticas reconocidas. No. Yo tengo gente muy cercana que han practicado y dominan múltiples oficios complejos como la albañilería o la carpintería. Sin embargo no están ni cerca de conocer alguno de sus verdaderos talentos. Básicamente porque no disfrutan creativamente lo que hacen. Ya sé; un oficio es un oficio y uno lo hace para vivir. Esta, es una de las tantas verdades de Perogrullo; tan repetidas como falsas. Si hay gente que disfruta matar (que es lo peor que puede hacer un ser humano: atentar contra un miembro de su propia especie) cómo no vamos a poder disfrutar haciendo camas, por ejemplo. Este es un valor primigenio del talento; vital para reconocerlo en nosotros: el goce de la realización. El disfrute inmanente a la realización (creación) de algo único o múltiple, pero que antes no existía.

Debemos observarnos a nosotros mismos; inquirirnos y determinar qué asuntos nos motivan más allá de toda duda razonable. Porque al talento viene unido un deseo de perfección que se manifiesta de múltiples maneras pero que invariablemente está. El ensayo incisivo; la adquisición de nuevas habilidades, la temeridad ante los errores, la persistencia en el camino. Un niño que repite incesante sus escalas en el instrumento o un intrincado estudio clásico; un joven bailarín que pule el último detalle de sus saltos y piruetas; un actor que revisa las monedas que guarda en su bolsillo mientras actúa; monedas que nadie ve, pero que él “siente”. Un poeta octogenario que retoca parsimoniosamente una elegía escrita hace 40 años, sin decidir si aún está lista para editarse. Es así: el talento es inconforme porque no “produce”; sino que “crea”. Si el talento está y, no viene acompañado de un afán de perfección casi enfermizo; entonces veloz desaparece. Y, al poeta que nació de unos versos de amor adolescente pronto el tiempo, el miedo y la rutina lo convierten en nada.

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Arte de: Bernulia. Realizado con café

Hay algo que se suele ignorar en estos tiempos de tantas celebridades vacías; famosas de reinados insípidos y olvidables; de primacía mediática de la banalidad y la tontería generalizada y es: el hecho de que cada talento tiene un propósito en el diseño del universo. Pues cada pizca de habilidad, de ingenio, de arte creativo no es más que una tendencia humana, una marca evolutiva. Cada talento que se descubre y se practica nos convierte en un “mutante” de la especie (utilizando el lenguaje de la Ciencia Ficción o de los Hombres X). Por eso antes de la pregunta de ¿Cuál es? Debemos responder la de ¿para qué sirve? ¿Cuál es su utilidad? Insisto en que la utilidad no debe ser puramente personal; es decir simplemente: que nos permite vivir de su práctica. Sino, aunque parezca un tanto grandilocuente: ¿cómo es útil lo que yo hago a los demás; al resto de la especie humana? De esta manera eliminamos aquellos sucedáneos del talento que nos implican en objetivos estériles.

Todo ello comienza y termina en la intimidad de nuestro ego. Es un propósito personal y, mientras más se publicite más falso es. Es más, a veces con tan solo descubrir este sentido se nos hace claro el porqué de cierta disposición genética de nuestro organismo o el ansia irrefrenable de perfección a la que antes hacíamos referencia. La utilidad es válida para todos los talentos; los conocidos, los mínimos; los publicitados o los invisibles. Mi madre cree que comer bien nos hace saludables, alegres y buenos; por eso es una experta cocinera a pesar de casi no poder probar gran parte de sus platillos. Una hermosa modelo de prêt-à-porterpretende demostrar a las mujeres que todas pueden ser hermosas pues ella misma era la “fea” del instituto donde estudiaba en la adolescencia; un carpintero pule un ataúd pensando en la dignidad de los deudos del difunto.

Suelo explicarles a mis alumnos en la Universidad o, en talleres o seminarios de las especialidades que practico; que el participar en mis clases los puede dotar de determinados conocimientos avalados indeterminadamente por la teoría y la práctica de las diversas especialidades de un oficio muy antiguo y asimismo diverso. Puedo; en la medida de las habilidades intelectuales,prácticas; intereses personales; así como la posibilidad real de dedicación con tiempo y con esfuerzo de cada uno de ellos dotarlos de herramientas básicas acreditadas antropológicamente que les permitan acceder a las preguntas básicas sobre el: qué; cuándo, dónde, porqué y para qué. Pero; lo esencial es consustancial a cada uno de ellos: motivo; propósito, sentido. No es en un taller de actuación donde construyen la fama; el glamour o la publicidad. Quien quiera acceder a estos debería contratar los servicios de una agencia de mercadeo o publicidad.coffee-699431

El talento debe ser definitivamente transformador. Pero si, comúnmente, es bastante difícil apreciar la huella transformadora que deja en los demás; estamos obligados a inquirir críticamente cómo nos transforma a nosotros mismos. Saber cómo modifica nuestro comportamiento (orgánico e intelectual); nuestras expectativas sicológicas; nuestra manera de ver y hacer en el mundo. Debemos constatar fehacientemente que evolucionamos con o por nuestro talento. Y, que esa acción evolutiva sucede para “bien”. Y hablo de “bien” en el literal sentido ético de la palabra. El bien como bondad; como plenitud existencial; como enriquecimiento espiritual si se quiere. Es difícil apresar esta sensación en la certeza de las palabras; no obstante, quien lo ha sentido puede determinar con facilidad esta sensación.

Personalmente me considero un intelectual crítico; con muchas brechas y preguntas por responder (me); pero básicamente me considero un hacedor de teatro; un obrero del arte de “hacer visible lo invisible”. Por mi aprendizaje desde el teatro he sido actor, dramaturgo, director, promotor cultural y profesor en escuelas de Arte y Universidades. Desde el teatro accedí al conocimiento crítico del arte y la cultura. Esto hace de mí quien soy. No un hombre “exitoso” en el sentido actual de “poseedor de cosas”. Poseo memoria y sentido; alegría, historia, con momentos tan fugaces como intensos de felicidad asociados a la práctica de mi oficio. Un sentimiento pleno de mí mismo que me acompaña tanto en la adversidad como en la fortuna. Compartir y descubrir sentido es el propósito de mi vida y el medio de hacerme feliz. Hoy comparto un Café Móca con mi hijo de 11 años: Disfrútenlocoffee-777612_960_720.jpg

 

  • Una cucharada de cacao amargo en polvo se mezcla con media de azúcar y polvo de leche; se le agrega café expreso recién colado y se bate con vapor o cucharilla hasta espumearlo. Queda muy sabroso y, es un excelente café-compartido.

Alfredo Troche Valdés

Chanell con café; si me lo permite…

por Alfredo Troche Valdés

base_imageHoy voy a hablarles de un talento muy especial. Que, por coincidencia ¿o quizás no..? cumple años un día después del Día Mundial del Teatro. Conozcan a:

Sophie Chanell

Ella es una personita muy peculiar y, sobre todo un talento invisible. Claro, lo uno y lo otro nunca vienen separados, por lo general existen juntos en el mismo pack. Verán, ni siquiera puedo comenzar invitándolos a un café. Pues ella tendría mil razones para rechazarlo o hacer que se lo ofrecieran indefectiblemente. Y el espacio donde debería ir su foto estará vacío hasta tanto ella acceda a poner su foto en él.

De cualquier manera, de lo que se trata aquí es de hablar de su talento y del grado de conocimiento o no que pueda tener ella del mismo. A Sophie le gusta la música, la danza, intervenir en las conversaciones de los adultos con todo lo demás que suele gustarle a los niños a pesar de las reclamaciones de nosotros “los adultos”.

Pero, ella adora lógicamente el espectáculo; desde el teatro escolar más elemental, hasta las exhibiciones de pasarela con modelos estilo “Victoria’s Secret”. En realidad, ella vive en espectáculo perenne y eso, suele ser fascinante para todos, aun cuando pueda ser un poco agobiante para su mamá.

Tiene dotes teatrales indiscutibles; unas muy buenas condiciones vocales con registros medios suaves y definidos, un control de la respiración asombroso para su edad con registros extremos definidos. Un buen manejo corporal, facilitado en cierta medida por el entrenamiento danzario que ha seguido intermitentemente. Aúna a esto, un conocimiento musical que aunque básico para considerarla como músico, sí pueden (y de hecho lo hacen) potenciar su destreza interpretativa al saber manejar ritmo con tonalidad; tanto corporal como vocalmente. Posee retentiva, capacidad de reacción y memoria física de las acciones. Ha asumido retos difíciles en términos teatrales y siempre la he visto salir airosa. Creo, que posee las cualidades necesarias para formarse como actriz, siendo la actuación una manera adecuada de encausar sus aficiones intelectuales o artísticas.carnival-144251

Suelo asombrarme a menudo cuando encuentro talentos de esta magnitud en los sitios más inesperados. Ella es un gran talento. Ha tenido todo el tiempo la ayuda, el concurso y la competencia de su mamá Yetziret y de su “casi tía”: Anita. Una parte importante de su formación se los debe a ellas. También a su familia que -a mi modo de ver- es bastante espectacular, si se me permite la expresión.

Sophie, necesita formación, entrenamiento, metas y propósitos determinados. Sin descuidar su cultura intelectual. Necesita ver teatro y leer sobre este. Sabiendo siempre que el más fácil de ver y el más accesible a tus espacios es el que haces personalmente. Así que para ver lo mejor es comenzar haciendo.

Comprender y desarrollar una cultura artística sobre el teatro es fundamental para desarrollarse como actor o como actriz. Dado que en todo el “negocio del espectáculo”, lo elemental comienza en este arte milenario y quizás menospreciado.

Quizás, su mayor reto en este momento sea concluir el montaje de “Lo dice una marioneta de trapo”. Aunque, su mayor reto para la vida será: convertirse en esa gran persona (actriz, animadora, publicista o periodista) que sus dotes y vocación natural anuncian.

Hace hoy, casi dos años; escuché y vi a una niña recitar un poema sobre Simón Rodríguez. No recuerdo nada del poema. Simplemente la impresión. Ese impacto particular que tienen ciertas personas en la escena de “estar en vida” para usar la expresión de Eugenio Barba. Es una conmoción única que transmiten solo los verdaderos actores y, no siempre.

Suelo pensar en la infinidad de amables personas que están detrás de cada uno de estos destellos del universo: la maestra que le da el poema, la profe que la prepara, la madre que la alienta, los vecinos y parientes asombrados que escuchan con deleite. Hacen falta muchas voluntades para estimular un talento, para hacerlo crecer y brillar.

Me siento increíblemente afortunado de haber venido hasta aquí para encontrar personas como ella.clown-23754_1280

El talento es un tesoro porque es como la bondad, no tiene precio y a todos nos salva. Felicidades Sophie en tu cumple.

Felicidades a todos por el infinito talento humano que siempre está allí, donde más hace falta.

Café teatral

Por Alfredo Troche Valdés

Tomemos este cafecito; porque hoy es el Día Mundial del Teatro. Puedo escribirlo con mayúscula al ser un día reconocido y solemne aunque inexplicable. Su elección entre todos los días parece caprichosa. Casualmente esta vez coincide con la Semana Santa.

El teatro, es el más invisible de todas las artes; sin el glamour del cine, o la presencia impasible de la fotografía; ni la ubicuidad de la música; ni la inquietante solemnidad de las galerías. El teatro es sudor y cansancio. Movimiento, mirada, cadencia estupor. Una palabra cruzando el silencio del tiempo. La voluptuosidad del grito, anhelante, fugaz e insólito. Son juglares cansados, títeres sucios, telones con desgarraduras y cordeles. ¿Cómo aún hoy pueden provocar la magia? ¿Cómo puede renacer en el actor que observo mientras se contrae y se dilata, aquel Tespis de la carreta legendaria?

Cuando nos sobran fantasmas cataclísmicos, miedos a granel en el mercado del espíritu, religiones en subasta; hombres y países en el carrusel de las apuestas; el teatro sigue su subterráneo camino. Es un anciano erguido, con modales sencillos y vetustos. Le gusta mostrar sus desnudeces y, por su locura gentil encuentra veneración en muchos sitios.

Es un ritual de la vida, acá donde proliferan los rituales del terror y del hambre, multi-dimensionales.

Quienes hacemos teatro, somos los hijos de la nada. Aseguramos la continuidad de los mitos; la necesidad de las utopías; el aprendizaje factual de que con metáforas se puede conculcar la destrucción. Es un sueño, una fantasía pragmática que redescubre la contemporaneidad de las tragedias épicas de Shakespeare en los avatares destructivos del poder. Toda noticia sucede con la misma negligencia con que Hamlet repite: “palabras, palabras, palabras…”

Quienes hacemos teatro; adoramos el aplauso pero también el silencio, el llanto y la sonrisa, la mística, la pasión, los grupúsculos y las multitudes. Somos habitantes de la periferia en una cultura global que sustituye la fantasía por ilusión y el ser por el tener. Continuamos labrando nuestra destrucción. Somos conscientes de que nuestra desaparición definitiva vendrá, eventualmente: después de cada función. Para renacer en el próximo gesto, en la última mirada que escapa de la distracción fulgurante del mundo y se posa en otra mirada, viva, presa de la misma consternación con que ayer nuestros antepasados ancestrales miraban con delectación el fuego.

¿Qué más puedo decir? Dejemos pues; que hable el Comediante. En su palabra transida de devoción. Este es solo un fragmento…

LA PALABRA DEL COMEDIANTE

EL LUGAR ES ESTRECHO, FRÍO, POLVORIENTO. HAY UN ESPEJO, UNA BOMBILLA Y ALGO PARA SENTARSE. EL HOMBRE ESTÁ ENSIMISMADO, RECONCENTRADO EN LA DENSIDAD DE LO QUE RECITA. ENTRA Y SALE DE LA PRIVACIDAD DE LA LÁMPARA. ADIVINAMOS UNA PUERTA EN LA ZONA DE LUZ DIFUSA. NO HAY DUDAS EL HOMBRE, ES UN COMEDIANTE QUE SE PREPARA.

SIENDO EL PERSONAJE QUE RECUERDA.

“He mentido, ¡por Dios! He mentido. Y, he blasfemado de Dios más de quince millones de veces… Es que, nacimos en 1967, o 1567 o… ¿1367? Quizás… Crecimos, aprendiendo lentamente a sufrir; creyéndonos realmente felices. Ya canté, -cantamos- canciones lejanas e increíbles. Golpeando nuestras rodillas en un furor de revolución y espanto…”

UN CRUJIDO DE LA PUERTA. UN HILO DE LUZ QUE PENETRA. UNA MIRADA QUE SE VUELVE. UNA PRESENCIA QUE NOTAMOS SIN VER. ÉL LA RECIBE.

SIENDO EL COMEDIANTE SORPRENDIDO.

Quién eres tú. Es una pregunta simple. Aunque cuestiona el más íntimo de los significados. ¿Yo? Sí, soy la máscara; y puesto que soy el comediante soy también “las máscaras”. Todas las que me conducen a un aplauso; al llanto de la conmoción, al escape de las penas y a algún amor fugaz de esos que nunca mienten. Pero, si sé quién eres pudieras acaso adivinar quién soy; qué nos puso aquí… O, quién eres tú ángel de luz, estampa de la persuasión, nube del desamparo. No sé por qué te posas en mi hombro, te coses a mi sombra como ése desatino del sol que únicamente agranda las penumbras.

EL HALO DE LUZ SE APAGA, CRUJE LA PUERTA –SE CIERRA- AQUEL DE ALLÍ YA ES OTRO.

SIENDO EL SUEÑO DEL HOMBRE.

¡Esto es un premio! Dar el corazón; escurrir una gota amarga en el sendero de tantas desilusiones. Y no hay nada mejor que un hombre riendo como un niño. Pero; ¿qué me dirá el espejo si miento? Ah, el espejo: el lugar más liso que tiene mi cara hoy en día. Debería tener un poco más de bondad con este rostro trabajador; ser algo más amable. No tan prosaico y directo. Al final, es solo cristal. ¿De qué le vale ser tan crudo con esa fragilidad en el cuerpo? Y, digo cuerpo porque de nada sirve hablar de alma en un espejo. Ay, espejo: reflejo, cotejo, complejo y, ciertamente viejo pero reflejo al fin. El alma no cabe en un espejo. Es como el interior de ciertos funcionarios que se me ocurren: matemáticamente hablando nulo o vacío. Sin embargo; si quiero romper la convención no debo hablar de los demás; ni del vacío, ni del espejo, ni del reflejo, ni de funcionarios, ni de pañales, ni de caca, ¡no! ¡Eso es caca niño! ¡Ahí no se toca! Digo, a menos que quieras…

MÁGICAMENTE SE ILUMINA EL ESPEJO, CON UNA GIRNALDA DE BOMBILLAS INCANDESCENTES. VEMOS EL SITIO LA PAREDES HÚMEDAS, DESCONCHADAS. ¡VEMOS LAS MÁSCARAS. Y ÉL, CASI MACILENTO EN ÉSE RESPALANDOR AMARILLO QUE LO AGRISA. NO HAY PUERTA.

SIENDO EL COMEDIANTE O…

Deberías ser una sombra y así estar nombrada en el fiel de las cosas, en la balanza de la vida que siempre viene con dos puñados ocultos. He aquí una risa, he aquí el llanto. Sin embargo en el recurso del oficio siempre nos queda mentir en este juego. ¿Por qué? ¿Acaso todos no mienten? Y, “todos” tienen nombre siendo anónimos. Todos son el disparo, el puñal, el grito y la víctima. Todos me miran y saben que miento. O, tal vez lo ignoren, con esa inocencia culpable que tienen los niños. (…)

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Carlos Manuel, con café

 

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por Alfredo Troche Valdés

Hoy, no sé qué tiene de espantosa la madrugada. Pienso en un nombre y el recuerdo tenaz me hace repasar hechos y vicisitudes. Entonces: hay que hacer el café del insomnio. Pongo tres cucharadas de fragante café Venezuela, granulado y rampante. Agua en la cafetera de presión, luego, dos cucharadas discretas de papelón y listo. La hornilla enrojece, el aroma se dispersa, el líquido oscuro pasa de la cafetera hirviente a mi taza. Inunda mis papilas y hace estallar mi mente. Así vuelven las imágenes.

Este nombre de hoy, estará en los ágiles fotogramas de mi muerte cuando acontezca. Tiene tres versiones en mi memoria personal.

Primero, es el padre de la patria para todos los cubanos. Me gusta pensar en él por una coincidencia casual entre el día de mi nacimiento y el día en que él decidió dar la libertad a todos sus esclavos. Y, fue el día además en que decidió ser pobre para deambular con la causa de la libertad de todos, como único blasón y riqueza. 

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Lo admiro, no solo por su simbolismo histórico; sino por aquella frugalidad viril con que asumió su invisibilidad luego de que las pugnas del poder lo hicieron a un lado y lo despojaran de su rango presidencial. Inmenso y oculto permanece hoy, aun a pesar de ser nuestro “príncipe de la libertad”. Quien más lo honró fue aquel que dijo en su momento: “se desaparecer…” y lo hizo.

 

El Segundo, es Carlos Manuel Loynaz; poeta y músico. Absolutamente invisible, esclavo de un paradójico destino que lo hizo ser parte de una familia ilustre en los destinos de Cuba. Compleja, como el disonante diapasón que compone nuestra leyenda cultural. Tiene acordes inéditos en su poesía: suave, cándida, temperada. A contrapelo de una crispación intelectual que hizo presa de él en forma de insólita locura. Lo conocemos por su ilustre hermana quien atesorara sus creaciones desechas ya por él y las publicó luego de su muerte. Me gusta pensarlo como la poesía en sí. O cómo aquellos arranques de los bardos anónimos del medioevo cuyos nombres y palabras se perdieron en la multitud de los nombres y las palabras que parieron esta lengua copiosa que hoy hablamos. De él, quiero regalarles hoy, este poema:

 

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Ella se vistió de rosas y olía a rosa:

y yo le dije:

¿Por qué te vistes de rosas

si eres rosa tú también?

Ella se quitó las rosas,

y sin saber,

la amé más, que como rosa,

como mujer.

Este es el hombre que hizo tal poema.

No parece un caballero. Es un hombre común y es un fantasma.

 

El Tercero; y por serlo, el más importante para mí, es mi hijo: Carlos Manuel. Recibió su nombre por Carlos Manuel Loynaz, pero también nació en octubre.

Pudo haberse llamado David o Enrique, pero alguna razón recóndita nos hizo darle ése nombre. No parece un nombre de niño, por eso nos empeñamos en llamarle Carlitos o Carly. Sin embargo, en el fiel de mi corazón ha hecho honor al patronímico que ostenta.

Mi hijo es serio y sencillo. Lee, escucha cuando quiere, cosa que es común en los niños; aprende con sencillez y bizarría. Tiene el extraño sentido del humor de casi toda mi familia. Aunque no creo que se lo haya transmitido yo.

Desde pequeño, es un espectador asiduo y crítico. Adora demostrar sapiencia y recordar cifras y lugares. Es bueno en matemáticas, historia, ciencia, lectura y escritura. Su actitud anti-deportiva es completamente mi responsabilidad; confieso que yo también lo soy, no porque ignore las virtudes del deporte sino porque prefiero el ejercicio de las neuronas. Sin embargo, nos gusta caminar y viajar, eso compensa un poco las cosas.

Recuerdo su preferencia alocada por viajar en tren en lugar de en otros medios más confortables. Recuerdo sus constantes advertencias que me hacían admirar la luna durante un viaje o cuando me preguntó de la existencia de Dios.

Cualquiera adivina que estoy enamorado de mi hijo. Eso es verdad. Tan verdad como que somos pasajeros de un tren donde yo debo apearme primero a pesar de que no quiera despedirme nunca. Atrapado por él, no me ha importado hacerme invisible. Esté donde esté, sin él me siento solo. Ahora, está dejando de ser “un niño”, ya termina el sexto e irá a la secundaria. Pronto tendré que responder otras preguntas más acuciosas y menos trascendentes.

<Digimax 430 / Kenox D430>

Pero él viaja conmigo. Veo los paisajes del mundo con los ojos que él me presta, con su brillante inocencia; con su cándida determinación, con la imposibilidad de detener lo imposible. El me espera allá, en mi patria radiante, en aquella isla-balsa cuyo anhelo en un golpe constante. En una ciudad que ya no será mía por los azares del destino. No sé cómo encontrarme con él y despedirme al mismo tiempo. No sé cómo decirle que no estaré para velar su fiebre, ni recuperarme en sus abrazos.

Más, debo hacer honor a quién me lee. Cualquiera se preguntaría: ¿Cuál es su talento oculto? Es un niño; tiene todos los talentos, es una promesa de futuro. Es un niño, con la posibilidad de alcanzar el sol y cincelar la felicidad de su padre tan solo con ser él.

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